Los primeros caminantes valientes en explorar el hielo, las islas, las montañas y la vasta tundra de Nunavut fueron los antepasados de los actuales inuit. Olas sucesivas de migración desde lo que hoy es Alaska poblaron la tierra con las culturas que se convertirían en la cultura tuniit (o dorset) y, luego, la thule que devino en la cultura inuit actual.

 

Se dice que, entre estos pueblos nómadas, un peregrino viajó más tiempo, enfrentó más adversidades y logró más proezas increíbles que cualquier otra persona. Su nombre es Kiviuq y algunos inuit cuentan que aún hoy está vivo.

 

Cuando la mayoría de las personas piensan en exploradores del Ártico, posiblemente surjan nombres como Roald Amundsen, Sir John Franklin o George Back. Sin embargo, mientras estos tuvieron el respaldo de equipos y suministros y, con frecuencia, fueron rescatados de las puertas de la muerte por los inuit en tiempos de necesidad, Kiviuq viajó por el océano Ártico en kayak, donde entabló batallas chamánicas y vivió romances. Las historias de Kiviuq, contadas por los ancianos inuit de Nunavut, continúan su legado.

 

Pero existen otros legados —una lata por aquí, una tumba por allá— que cuentan las historias más recientes de los muchos exploradores que se aventuraron en una tierra y un océano desconocidos y de las muchas vidas que se perdieron. Quienes viajen al Ártico hoy pueden ver estos restos. Los sitios que figuran a continuación están en los itinerarios de muchos cruceros de aventuras por el Ártico.

 

Isla Beechey

La isla Beechey, situada justo al sudoeste de la inmensa isla Devon, puede ser diminuta, pero su importancia en la búsqueda de Franklin y sus hombres ha sido enorme. Entre 1850 y 1851, durante la búsqueda de Franklin, quien había partido de Inglaterra con dos barcos en 1845 con el objetivo de encontrar el Paso del Noroeste y jamás se le volvió a ver, se encontraron las tumbas de tres miembros de su tripulación en lo que habría sido el primer puerto invernal de los barcos en la isla Beechey.

 

Estas tumbas estaban marcadas con los nombres del miembro de la Marina Real William Braine y los marineros John Torrington y John Hartnell, y con las fechas 1845-46. También se encontró un enorme cúmulo de piedras, pero no había ningún mensaje dentro o cerca. Aunque jamás se halló un registro, algunos piensan que muy probablemente Franklin haya dejado uno.

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Si bien los barcos de Franklin finalmente se hallaron, aún no se ha desvelado el misterio de qué le ocurrió a la desafortunada expedición.

 

Justo cruzando el estrecho de Barrow, en la isla Devon, está la gran montaña conocida como Caswell Tower. En su penumbra, sobre la bahía de Radstock, se encontraron latas y otros objetos de la búsqueda de Franklin. También hay yacimientos arqueológicos de lugares donde los thule construyeron viviendas qarmat, hechas de roca, huesos de ballena y grama, con techos de pieles.

 

Fort Ross

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En el extremo sudeste de la isla Somerset aún yace este puesto comercial establecido por la Compañía de la Bahía de Hudson, ahora deshabitado. Funcionó solo durante 11 años, pero ver el puesto aquí tan lejos, en el medio del Ártico, pone de relieve hasta qué punto llegó la empresa para establecerse en este extremo boreal del país. Por supuesto, los inuit y sus antepasados han estado viviendo en la zona por más de 1000 años y los yacimientos arqueológicos vecinos muestran señales de su ocupación y uso de la tierra milenarios.

 

Isla del Rey Guillermo

La isla del Rey Guillermo ha sido el epicentro de la búsqueda de Franklin. Tras los hallazgos en la isla Beechey, la búsqueda se centró mayormente en esta área. A la larga, en 2014 y 2016, los barcos de Franklin, Erebus y Terror se encontraron en el estrecho de Victoria, al sur de la isla y en la bahía del Terror, en el extremo sur de la isla. Objetos del final trágico de la expedición revisten las costas oeste y sur de la isla del Rey Guillermo: tumbas, huesos, registros y los restos de un bote salvavidas permanecen en Victory Point, al noroeste, y más tumbas y esqueletos se extienden en el recorrido de la tripulación hacia su final. Los inuit que viven en la zona de las apariciones cadavéricas siguen contando historias sobre los últimos días de estos hombres de apariencia más fantasmagórica que humana, de reacción casi inexistente, a quienes, en algunos casos, ofrecieron refugio durante un invierno antes de que continuaran su marcha final.

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