Veinticuatro horas de oscuridad no son lo que imaginó que serían. En Nunavut, los oscuros meses de invierno son un tiempo de señales sutiles, un lienzo en blanco y negro en el que juegan colores más delicados. Las constelaciones y la luna reflejan su luz en la nieve, la cual desaparece en la distancia sombría. Los cristales de hielo en el aire brillan como polvo de hadas. La respiración de una persona es una ráfaga rápida iluminada. La aurora boreal, como las luces espectaculares de alguna carretera interestelar, atraviesa el cielo oscuro en forma de cortinas fulgurantes color índigo profundo y verde brillante. Estas circunnavegan el cielo y lo cubren por completo antes de disiparse, solo para reaparecer a la noche siguiente.

 

Cuando el sol vuelve a aparecer, rodeado de un halo de parhelios cada vez más intensos, así también lo hace esta increíble paleta de colores de la tierra. Aquí le contamos cuáles son siete de nuestros colores favoritos.

 

Bigaro

Entre la interminable luz de día de los veranos y la extensa noche de los inviernos están las estaciones de atardeceres largos. Alrededor del sol, un lavanda intenso que se desvanece en un azul oscuro crea un escurridizo bígaro en el cielo.

 

Cian

Surcando el hielo marino, en sus grietas, verá un fondo cian, como si una luz brillara desde algún lugar en las profundidades. Luego, en el verano, cuando enormes trozos de ese hielo marino flotan en la costa, puede salir a caminar entre el hielo resplandeciente, durante la bajamar, y picar algunos fragmentos. Son perfectos para derretirlos y usarlos para un té o verterlos en un escocés.

 

Verde neón

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Pese a ser el color más común de la aurora boreal, su belleza nunca deja de sorprender. Este verde fantasmal que ilumina el cielo a veces da lugar a un color púrpura o a los poco comunes blancos y rojos. No obstante, aunque esto no ocurra, las luces de este verde no ceden en hermosura.

 

Castaño

Mientras las praderas de la región agrícola se tornan amarillas y palidecen cuando las temperaturas descienden, las hojas de la abundante gayuba negra tiñen de castaño oscuro las laderas de la tundra de Nunavut.

 

Blancos estivales

Entre la vegetación de la tundra en verano, hay plantas que nos recuerdan los predominantes tonos blancos del norte. El viento mece las Dryas octopetala, flores como almohadillas blancas con centro amarillo que pueden verse en colonias increíbles, y la Eriophorum callitrix, conocida como “hierba de algodón”, tan suave al tacto como suena, que revela el suelo húmedo que está debajo.

 

Amarillo anaranjado

Entre la gran diversidad de amarillos en la tierra, el mejor es el que indica que la mora de los pantanos está madura. Cuando el anaranjado del proceso de maduración se torna amarillo, esta fruta está lista para comer.

 

Verde pradera

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A veces las laderas parecen ajardinadas con césped. Sin embargo, al observar más de cerca, el suelo está coloreado de verde por un intrincado sistema de plantas como té de labrador, musgo, arándano rojo, gayuba negra, liquen, axocopaque y camarina negra, entre otras. Al caminar estas tierras, dudará volver a llamarlas áridas.

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